domingo, 9 de diciembre de 2012

CRÓNICA SIETE




Las mutaciones del joven escritor peruano:



 El síndrome de Salvatierra


Varias horas y varias copas con un escritor que se ha hecho un nombre al margen de la seriedad academicista del circuito literario limeño llevan a ver el oficio de escritor y el ritual de volverse adulto como una broma de la que solo los más tontos se ríen. Dany Salvatierra, entre sus historias, anécdotas y recorridos emerge una propuesta novedosa que entusiasma a algunos e irrita a tantos otros. Esta es su historia, este su perfil.



Un perfil de Yusef Simon *


Una incursión urbana nocturna al lado de Dany Salvatierra se puede convertir en una aventura que abre puertas a dimensiones desconocidas de nuestra ciudad, en estos recovecos hiperbólicos puedo conocer mejor al narrador que se encarga de relatar sobre lo más sucio. Aún no es la media noche y ya me trajo a Sagitario, así se llama el antro, me empecé a preocupar porque acá no se puede conversar con tranquilidad. “Esto no es como una fiesta gay en Miraflores, acá no hay mujeres, ni pudor, pura cabra chola divirtiéndose” gritaba para que lo escuche a pesar del volumen de la música mientras hacíamos una corta cola para comprar cerveza, el hombre que hacía cola delante de él llevaba nada más que una bata y un calzoncillo.

La vestimenta de este personaje extraño cobró sentido cuando algunas cervezas después lo vimos haciendo el baile del tubo frente a más de 400 personas gozosamente apiñadas. Dany hacía el papel de observador participante en esta tierra sórdida solo para hacerse de inspiración, yo hacía de observador de Dany. Atracción y repulsión se mezclan en sus gestos. “¡Cómo disfrutas del desborde!” le achaco en tono jocoso tras percibir en su rostro un impulso reprimido a ser parte del trajín fiestero.

“¡No!” gritó con una aturdida voz histriónica “solo venía a lugares así en mis épocas más oscuras, cuando recién había terminado la universidad, pero lo que no mata fortalece”. El alcohol subía y los escandalosos comportamientos extraños de los sujetos en plan de fiesta parecían cada vez menos novedosos, entonces nos aburrimos de ver a hombres de cuarenta años perreando de a cuatro y a otros haciendo concursos de quién la tiene más grande.

“Esto no es nada, quizás es lo más que vas a ver en Lima, pero las fiestas de Madrid son billones de veces más intensas” dijo Dany. Ciertamente se percibe la marginalidad de esta fiesta, incluso adquiere una dimensión circense, veo a dos hombres bailando desde la barra en la que compartimos una cerveza y discutimos sobre el proceso creativo. “¿Cómo construyes a tus personajes” pregunto y la interrogante queda flotando entre el bullicio y cuando finalmente reposa, Dany me responde señalando a los avezados bailarines “me puedo imaginar que son hermanos, amantes en secreto y que viven con sus padres”, así me inspiro para empezar una historia nueva.

Cansados y un poco aburridos, pero sí ebrios, volvimos al más familiar Miraflores, buscamos un ambiente en el que se pudiera conversar con naturalidad y nos asentamos en un tradicional Chili’s. Pedimos dos margaritas cada uno. “Lugares genéricos, tan alienantes como Chili’s, donde todo parece estar bien son escenarios perfectos para que pensamientos y secretos turbios discurran”, señala a un hombre con rostro melancólico “a él lo violó un cura”, señala a una chica de carcajadas exageradas “ella tiene mucho sexo pero nunca ha tenido un orgasmo”. Cuando llega el mozo con los margaritas me dice “él se ha intentado matar dos veces con sobredosis de Xanax”.

En cada circuito literario siempre aparece un actor que reconfigura la escena con medidas extremas, alguien que se encarga de llevar obsesiones al extremo y desechar cánones y esencialismos locales. La nueva sociedad de la información ha llevado al público a desacralizar celebridades otrora venerables, la creciente fama de Dany apareció en esta llamada modernidad líquida y su fama ha sido sembrada y cosechada desde internet. Quizás una de las razones por las que la notoriedad que ha cobrado Dany Salvatierra no se traduce en la devoción de una grey como sucedía con autores de culto de los ochentas y noventas sea la cada vez menos crucial figura del autor.

“Mis lectores me ven como un catalizador de fantasías, en cierto modo solo saco a relucir pulsiones escondidas que tienen ellos, el aura del autor se ha debilitado” explica Dany. Parece estar en lo cierto, sus seguidores tratan los libros de Dany de la misma manera que tratan sus diseños y sus mezclas de indie pop que suenan en más de una fiesta en las que él ocupa el lugar de sumo pontífice de la postmodernidad, el de DJ.

Este año una encuesta realizada por la revista Buensalvaje a los lectores resultó en que su última novela, El Síndrome de Berlín, sea considerada como la mejor novela peruana del año. Esta novela editada por Estruendomudo que ha gozado de un buen desempeño en ventas ha llamado la atención por su lenguaje lúdico, de observador lujurioso y personajes desequilibrados con una pizca de realismo mágico. En las narraciones de Dany que también publicó un libro de cuentos llamado Terapia de Grupo hay incesto, drogas, muerte y perversión. Su prosa ha sido descrita como poseedora de una narración que deja al lector con incertidumbre acerca de si algo se cuenta con seriedad, de manera irónica o incluso de manera insultante.

Para saber si la extraña verosimilitud de eventos tan exagerados eran material diario de la vida del joven escritor, me encuentro en esta cadena de restaurantes emborrachándome con él desde temprano. Un perfil del escritor supone una excelente excusa para descarrilarse, “al fin y al cabo se trata de llevar todo al extremo” le digo a sus ojos desorbitados, él solo asiente. “Hay que pedir otra ronda” concluye.

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Como algunas bestias citadinas que deambulan en universos marginales de la literatura peruana, Dany recoge lo bizarro de la ciudad apuntalado en su energía cotidiana. “Me gusta la forma sin remordimiento con la que desconoce el legado del boom latinoamericano a la hora de contar historias” comenta uno de sus seguidores en el perfil de facebook del autor. “A algunas personas les jode que mis libros no estén plagados de crítica social y de héroes masculinos viriles” dice quejándose.

Pocos narradores peruanos exitosos han establecido directrices para esbozar una literatura tan despreocupada y actual. El legado de  las implacables narraciones de Ribeyro, el temprano abordaje del bullying de Reynoso y la documentación de la juventud acomodada limeña de los primeros años de relativa estabilidad económica por parte de Galarza son consideraciones menores.

“Para mí no hay nada más estúpido que pensar que tu lugar de origen geográfico tenga que incidir de manera determinante en tu estilo literario” me dice con una indignación falsa mientras saca una tímida lengua que lame la sal del borde de la copa. Es obvio que le molesta que la experiencia en una ciudad sea un relato construido por algunos pocos líderes de opinión.

“O sea que la gente espera que emprendas aventuras antropológicas en los conos de Lima hasta establecer el conflicto remanente en la época del terrorismo y mucha gente, incluido yo, estamos hartos de hablar de los ochentas”. Parece un personaje que se reconforta en la alienación y el consumismo. Esta ajenidad y aversión al medio literario “serio” lo respalda en su personalidad jovial casi adolescente. De alguna manera lo que percibo es un rechazo al academicismo y la formalidad del medio.

Él vive en un pequeño departamento miraflorino que expulsa un olor dulce intenso. “Acaban de venir a cobrarme la renta de la casa y olía demasiado a marihuana, no tenía ambientador y decidí  echar perfume barato por toda la casa para que no se dé cuenta, le he pagado tres meses pasados y estaba medio molesto” dijo Dany cuando le pregunté por el aroma tan pronto como llegué a su sala, él se encontraba doblando la ropa que acababa de recoger de la lavandería.

Su sala está adornada por fotos suyas con artistas que admira, divas del pop español de los ochentas, legendarios actores porno, drag queens y algunos escritores. Dany no solo ha conseguido notoriedad por su capacidad narrativa, desde hace casi una década ha sido un actor fundamental en la organización de fiestas diferentes en Lima, fiestas que se celebraron entre el 2004 y el 2006 y que hoy en día su recuerdo es legendario. Inspirado en las fiestas temáticas que conoció en sus viajes de placer a Europa, fue un órgano fundamental en la producción de eventos como Caja Negra, Madrid me mata, Oblivion, entre otros. Haciendo afiches para fiestas fue como descubrió sus habilidades gráficas.

“Estudié Comunicación en la Universidad de Lima, pero me gustaban pocos cursos, sobre todo algunos de diseño, pero jamás pensé que terminaría dándome de comer haciendo afiches y portadas de libros” me cuenta Dany con una atenuada expresión de resignación. ¿En qué lugares reales de Lima te inspiras para crear personajes? le pregunto. “La verdad es que pienso poco en mi experiencia en Lima, no es fundamental para mi proceso creativo, sin embargo, hay lugares un poco sórdidos y la idea es que conozcas eso, no” me dijo Dany, parecía que una buena idea se le había ocurrido.

Así es como salimos de su casa con destino a un lugar secreto, como él decía. “Ya te estás asustando”, me dijo en tono burlón cuando nos alejábamos de miraflores y enrumbábamos al centro de Lima a través de la vía expresa. Realmente me asusté cuando llegamos al destino. “Este el downtown de los plebeyos” me dijo, aludiendo claramente a que ese local de la avenida Wilson era una discoteca gay de extracción popular y que pasaríamos unas horas tratando de sacar algún tipo de provecho de ese lugar. Después de esas extrañas horas en el centro pude percibir que en realidad Dany sí realiza esas actividades antropológicas contra las cuales despotrica.

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La seriedad es algo que le parece totalmente ajeno, Dany cuchichea, se ríe y habla casi gritando como una adolescente rajona, siempre he tenido la impresión de que dentro de él habita un espíritu mucho más joven y la verdad es que no aparenta sus 32 años. “De repente me ves chibolo porque yo hice todo tarde, perdí mi virginidad después del colegio, no iba a fiestas durante la universidad y todas las locuras que me han inspirado las empecé a hacer a los 25”. Pensé en que era un caso tanto de adolescencia como adultez tardías. Muchos de sus temas literarios discurren por la represión del deseo.

Aparentemente ahora vive sin desequilibrio emocional alguno, le pregunto sobre su vida amorosa. “Tengo novio desde hace seis años, se llama Lee y vive en Boston, es doce años mayor que yo y trabaja como administrador de un hospital”. Me cuenta que lo conoció en el famoso barrio de Chueca, en Madrid, en una fiesta de osos que es como se hace conocer el colectivo gay que tiene como paradigma de belleza a los hombres panzones y peludos. Seis años es un montón. “¿Crees que tu relación con él te ha hecho madurar?” pregunto.

“Sí, de todas maneras, él me enseñó cosas muy básicas como mantener en orden una casa y hacer todas las finanzas personales” respondió. Dany ha tenido suerte para aprender a ser un adulto, tanto hablar de su novio ha tenido un efecto en su rostro, sus músculos se relajan y entristecen. Su relación es a distancia y se ven dos o tres veces al año. “Gracias a Dios existe el internet y el celular, sino me hubiera muerto”. Cuando salimos de Chili’s decidimos comprar algunas cervezas más y fumar marihuana en el malecón. Ahondamos en el tema estético literario.

“No he sido un gran lector, muchos libros canónicos los leí ya adulto y cuando estaba en la universida y en el colegio prefería novelas ligeras en inglés, en esa época mi imaginario era muy kitsch, me inspiraba en John Waters, Almodovar y Warhol, todo cambió cuando conocí a Burroughs, Vonnegut y Palahniuk” me cuenta, tratando de mantener el hilo de la conversación a pesar de la fuerte ingesta de alcohol.

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Se hace tarde y ya no nos queda mucho que hacer, el tiempo se ha pasado muy rápido y muchas de las preguntas que tenía preparadas simplemente no pude apuntalarlas, caminábamos de madrugada por calles de Miraflores y él señalaba casas ordinarias en varias calles, cada una de ellas resultaban haber sido legendarios huecos en las escenas limeñas de inicios de la década pasada según las descripciones de Dany.

Eran las 3:40 de la madrugada y andábamos cansados, pero él sugirió tomar más si encontrábamos un lugar abierto, accedí. Tras tantear varios locales solo nos quedó un establecimiento híper conocido por su reputación de negocios sucios. Entramos a este lugar subterráneo y pedimos una jarra de cerveza. A un lado habían mujeres solas esperando a que alguien se les acerque, al otro lado,  hombres vestidos con ropas estrambóticas, cada uno con una mujer. Poco antes de las cinco, un hombre se nos acerca y nos dice que si salimos ya no podemos entrar porque están cerrando.

Dany y yo hablábamos ya de temas mucho más banales y fue expresa nuestra voluntad de regresar cada uno a casa. Un sonido fuerte nos distrajo, un señor gordo con sombrero y botas con escamas golpeaba su mesa. “Atención, atención” gritó, pudimos percibir su acento mexicano y nos miramos. “A partir de ahora todo va por mi cuenta, bienvenidos sean” gritó dejando escapar muchos gallos evidenciando su ebriedad “y si no aceptan un regalo que les chinguen la madre”. Solo fuimos capaces de tomar dos jarras más, me sentí un personaje de sus cuentos, estábamos tan borrachos que pedimos un taxi seguro. En el taxi Dany me dijo “no solo en la ficción un narco te puede invitar jarras de cerveza, solo hay ser capaz de verlo”.


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