domingo, 9 de diciembre de 2012

CRÓNICA CINCO



La extraña vida de Aminta Henrich:





La bióloga chambea en combi


Aminta Henrich es una peruana con apellido alemán que vende caramelos en una combi para sobrevivir. Nada fuera de lo normal, excepto por el hecho de que es bióloga y una de las dos únicas artistas en el mundo que ha dibujado una serie de líneas de Nazca. Este es el perfil de un personaje muy especial.


Una crónica de Yuri Ferrel Escalante. 

Es una habitual tarde de miércoles y Aminta Henrich Nonone espera con calma en el cruce de las avenidas Javier Prado y Aviación, sube al bus de la línea Consorcio Vial y se prepara para dar su habitual discurso, lleva la calma que solo la constante repetición de la actividad puede proporcionar: “Buenas, señores, soy una bióloga y pintora peruana y he venido a pedir su colaboración con la compra de estos caramelos. Soy una de las dos únicas artistas que pintó una serie de las líneas de Nazca. ¿Por qué estoy ahora así? Bueno, una caída la puede tener cualquiera, ¿no?” 

El ritual encuentra su punto final y distintivo, cuando ella dice que si no le creen, pueden buscar su nombre en Google y comprobar lo que dijo.  Además, entrega pequeñas tarjetas para que los pasajeros interesados puedan contratarla para aprender alemán o como asesora de tareas escolares. “Que Dios los bendiga y muchas gracias”, remata mientras sale del bus. Fue gracias a ese proceso que pude encontrarla y conseguir la entrevista a la que ella accedió muy gustosa, casi con una sonrisa constante en el rostro. Cuando, luego de una pequeña caminata desde la intersección de Faucett con Quilca,  llegué a la urbanización Playa Rimac (casi en las laderas del río), fue bastante sencillo ubicar el pequeño departamento donde vive. Luego vinieron la mesa, un par de sillas y muchas tazas de café.   
 
No es fácil encontrar una historia como la de Aminta, una mujer de 53 años que pasó su infancia en un barrio de Jesús María, lugar en donde conocería a quien ella llama como el “amor de su vida”, pero también donde conoció a su primer esposo y nació su primer hijo. Además, en esos años llegó a terminar la maestría en apicultura en la Universidad Federico Villareal. Buenos tiempos, como la gente podría llamar. 

Todo iba de maravillas para Henrich y su familia hasta que el Fujishock mandó a la quiebra al negocio familiar y deprimió en exceso a su esposo, quien tan solo se dedicó a “jugar en la computadora”. Fue entonces cuando la primera crisis empezó: “Me separé de él porque cuando la pobreza entra por una ventana, el amor sale por la otra”.
  
De todas maneras, Aminta se las ingenió para conseguir trabajo vendiendo individuales en el Congreso y colaborando en un programa de salubridad en MoscaMet, organización donde ella no pudo estar más de un mes, pero que sirvió para que conozca a “alguien que suplió la falta de cariño”. Sin embargo la relación duró poco y “no tiene casi sentido seguir hablando de lo que sucedió en ese momento”. 

Su vida dio un giro importante cuando conoció a un alemán que vino al Perú para hacer aventura y encontrar oro en la selva, mochileros locos que les dicen. “Fuimos a Puerto Maldonado con la intención de obtener oro y todas las cosas que el compraba estaban a mi nombre, pero todo se fue al demonio porque le pagaba el 25% a los obreros, comenzaron las deudas y el plan fracasó”.
Luego del fiasco, ambos tuvieron que vender la draga que el amante aventurero había adquirido, para recuperar algo de lo gastado: “Eddy había invertido unos 50 mil dólares y al final tan solo recuperó 10 mil con esa venta”.   

Otras aventuras
“Pero como la fiebre del oro es algo que no te deja”, Eddy viajó a Alemania y volvió con 5 mil dólares para ir al río Chaspa, que según la leyenda popular esconde mucho material dorado. Al final, Aminta tuvo que viajar a Puerto Maldonado porque le habían contado que el accidentado minero no estaba bien. “Preguntando por el gringo, llegamos donde él y resultó que le habían robado dinero y el rifle que tenía. Fue entonces que encontramos al ladrón y lo amenacé con una pistola para que devuelva el botín, pero lloró y no devolvió el dinero. Nos tuvimos que ir”.

Luego de la desventura del oro, Eddy regresó a Alemania, pero seguía comunicándose constantemente con Aminta, a quien terminó por convencer para que vivan juntos en el país europeo. Ella accedió y al poco tiempo también pudo llevar a su hijo: la familia estaba constituida.
Sin embargo, los problemas no demoraron en llegar: “Él era techador y esa es una profesión muy dura en Alemania por el clima  extremo y la inclinación de la superficie. Es entonces que comienza a beber y a pegarme. Luego de dos años le dije adiós”.  Después conoció a otro novio, quien era un mal negociante, “desordenado y amante excesivo de los autos”. 

“Yo siempre he sido una niña sobreprotegida, quizás por eso no pude elegir buenas parejas”.  ¿Cómo la pasaba su hijo? “Josenilo siempre ha sido un chico crítico y muy inteligente, él tiene 150 de IQ, pero tuvo momentos muy difíciles allá porque veía que me maltrataban”. La voz había pasado de un orgullo tremendo a la tristeza propia de la nostalgia y el recuerdo.
“Con mi última pareja tuve muchos problemas, nos separábamos y mudábamos constantemente, él era bastante violento conmigo, así que tuvimos una relación muy violenta”. “Fue cuando nos mudamos a un pueblo cerca de Colonia que comencé a pintar”. 

“Y pintaba porque no tenía otra cosa que hacer, empecé a pintar para mí, para decorar mi casa… Pasé de acuarela a abstractos. Hice una exposición en el hospital de “María” en el pueblo donde vivía, luego obtuve una beca para estudiar con un reconocido pintor alemán”.  

“Las primeras pinturas que hice fueron sobre la serie de las líneas de Nazca, una de las dos únicas que existen en el mundo. Llegué a hacer 48 de ellas”. Ahí comenzó el espiral de la fama artística: expuso en la embajada peruana en Alemania (Salón María Reiche), donde vendió ocho pinturas,  llegaron más exposiciones en diversas zonas teutonas, las obras estaban cotizadas entre 1000 y 1500 euros y logró vender toda la serie de líneas de Nazca. 
        
 “Me levantaba, comenzaba a pintar y los cuadros salían solos, era como si mi mano se moviera casi por inercia”.  Además, la pintura también le había dado independencia y fuerza necesarias para dejar a su pareja y vivir sola con Josenilo.  

Pero la necesidad de afecto siempre estuvo presente, y fue la nostalgia del primer amor la culpable de que Aminta vuelva al Perú: “Busqué en las páginas blancas del Perú un nombre que yo había recordado mucho (cinco  segundos de silencio  fúnebre): Jesús La Madrid Salcedo”.  

- Hola, ¿sabes quién soy?
- No sé
- Soy Aminta Henrich Nonone.
- ¡¿Dónde estás?! 

Ahí comenzó todo. 

 La historia de su relación con Jesús La Madrid empezó con mucha alegría. Las anécdotas de la juventud entre ambos se sucedían con bastantes sonrisas de por medio y parecía que los años mozos habían vuelto  por algunos escasos minutos.  

“Bueno, la cosa es que llegué a pagar hasta 1900 euros por los gastos de teléfono.  Invité a Jesús para que vaya a Alemania, pero él no podía ir porque su mamá se lo impedía. Tenía mamitis”. 

 ¿quiero quedarme acá o volver al Perú?”. 

Aminta regresó al Perú el 20 de noviembre del 2007. Josenilo había hecho su propia vida y Martin, su segundo hijo, era bastante pegado a su padre. Como resultado, llegó solo acompañada de varios lienzos, máquinas, recuerdos de sus hijos, todo menos ellos.  

“Jesús me recibió en el aeropuerto y fue el momento más feliz de mi vida”. El suspiro posterior daba a entender la pequeña película mental que acababa de tener: algo así como un cortometraje alegre.
“Cuando llegué el mundo desapareció, solo existíamos él y yo, vivíamos separados pero iba a mi casa todos los días durante seis meses. El era muy culto, inteligente, compartíamos muchos sueños juntos”. Todo el sueño duró hasta que Aminta descubrió que Jesús tenía una pareja. Luego de comprobar la verdad, la pesadilla se abrió paso. 

“El día 20 de mayo (2008) recibí un correo, la primera carta de amor que recibí en mi vida y fue de despedida. En ese momento se quebró mi vida”. Según el psiquiatra, ese fue el suceso que activó la bipolaridad de Henrich.
Por comprensible coincidencia, Aminta se volvió depresiva e intentó suicidarse hasta en tres veces, pero las numerosas cajas de Diazepán no pudieron darle el boleto de ida al viaje sin retorno. 

“¿Podemos hacer una pausa?, quiero salir a fumar un rato”. Sí, claro. “Hace poco pasé a firmar mis cuadros como Warmy Kullay (señalando una pintura en la pared donde un hombre bailaba con una mujer). Pasé de ser un trofeo de marinera, como me llamaba Jesús, para convertirme en una mujer amada (Warma Kullay)”.  “¿Vamos afuera?”. 

 Luego de un cigarro, volvimos a la mesa y otra taza de café. “En Alemania solo pensaba en trabajar para volver al Perú” ¿Para qué? “Para ver a Jesús”. “Mucha gente dice que esto es obsesión, pero yo estoy segura de que es amor”.
Jesús era, y es aún, profesor de baile y mantuvo una relación por mucho tiempo con una cantante folclórica. “La mujer con la que estuvo él murió de cáncer y yo me siento en parte culpable de eso”.

El suicidio otra vez

“Cuando volví al Perú, no pude conseguir trabajo, me deprimí y volví a intentar suicidarme con Diazepán y Racumín”. En esta ocasión el paro cardiaco estuvo muy cerca, pero nuevamente se salvó por poco.
Después vino un ciclo repetitivo: otro viaje hacia Alemania, una estadía deprimente y un regreso al Perú con nuevos intentos de levantarse, pero esta vez a punta de vender caramelos en los buses y dando circunstanciales clases de alemán a la gente que se lo solicitaba. La idea llegó cuando estaba viviendo en la casa de una amiga y la empleada del hogar le dijo que debería ganarse la vida por ella misma, pero el inicio no fue sencillo: “Tuve que vencer mi orgullo para salir a vender caramelos”.    
Cuando parecía que todo había terminado y no había más que contar, llegó el tesoro: Se paró de un momento a otro y fue hacia su cama para traer una botella de vino. Yo sabía que no era precisamente para nuestro consumo, y es que en ella estaba pegado un recorte de periódico con una foto de Jesús junto a su difunta ex pareja. La nota era sobre la academia de danza que él tiene.  
“Este vino me lo dieron cuando salí de una clínica psiquiátrica en Alemania, y yo prometí que solo la llegaré a tomar con él”. No hace falta aclarar a quién se refiere.  
--La conocen de varias formas: Aminta, María, Warmy Kullay, ¿cómo prefieren que la llamen?
--Creo que Warmy Kullay, por eso ahora firmo mis cuadros bajo ese nombre. Aunque no pueda volver a pintar bien, porque para eso necesito que él esté a mi lado. 
--Bueno, ¿qué va a hacer mañana?
--No lo sé, quizás salga a vender caramelos. Yo vivo el hoy, lo que suceda mañana lo decidiré en su momento.
En algún momento de nuestra conversación, soltó la frase: “Soy una artista, no soy una persona normal”. Y yo le creo.    

 

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